jueves, 22 de agosto de 2013

Volver


Raúl cargando la suerte. Mentón hundido. Pierna adelantada.


Hay para mí dos recuerdos inmarcesibles que acuden de inmediato cuando Raúl es mencionado. El primero, sin ser el más reconocido entre los forofos (el término “pipero” destila un gusto novedoso y post-raulista que en este ejemplo no aplica), me transporta a una mañana universitaria y gélida, un horario tan poco futbolístico que es imposible olvidarse de entonces.  Se jugaba la Intercontinental contra Vasco de Gama, y mientras en España se almorzaba a media mañana Raúl nos enseñó a qué sabía el aguanís en Tokio.  Como la croqueta de Romario, pero dos veces. Fue la prueba definitiva de quién iba a ser el único ejemplo  materializado y aglutinador  de lo que luego se denominó“zidanes y pavones”.
El segundo recuerdo compila todo lo que se podría incluir en un “manual para el crepúsculo de un Dios”. En su última temporada de blanco, cuando ya sólo quedaban para Raúl los minutos de la basura, salió al campo en el segundo tiempo, de un partido cualquiera, entre ese bullicio de aplausos que uno ya no sabe si son de reconocimiento a toda una carrera deportiva o si simplemente son de falso cariño para autoconvencernos de que Raúl sería inmortal. Nada más ingresar en el terreno se botó un córner a favor del Madrí, despejó la defensa contraria y en un vertiginoso contraataque el equipo contrario se presentó en tres pases en el pico del área madridista. Una sombra blanca perseguía la jugada desde una frontal del área a la otra. Era como un test de Cooper trazando la diagonal del Bernabéu, un sprint aguileño y patizambo que surcó todo el campo buscando ese balón cosido al pie del contrario, una de esas persecuciones que siempre se recompensan desde el gallinero.  De pronto en la grada alguien cercano soltó un lacónico “qué carrera, cómo ha corrido” (Raúl es como Lola Flores: no es la que mejor canta, no es la que mejor baila, ni es la que mejor actúa. Pero es la más grande). Pasaron dos segundos,  eternos, de esos que te da tiempo a revisar  todos sus años de servicio al  Madrí, con sus presas y sus damnificados, y súbitamente alguien próximo balbuceó, con más vergüenza que convencimiento: “Valdebebas está lleno de jugadores que corren así”. Acababa de caer un mito, por mucho que Raúl corriese.

Toda evidencia se percibe distinta según se va desempolvando la hemeroteca. La perspectiva de la distancia nos endulza el recuerdo de goles de vaselina, acucharados, y su desvergonzado “Silencio, por favor” a tot el Camp, a la vez que evapora la árida travesía por la cual se borró la primera letra de la palabra "icono". Y ya nunca más supimos de Raúl. Aunque para algunos su gran mérito inconsciente pasa por ser el último madridista  vivo inmunizado contra lo refractario que cierto sector merengue activo y en guardia se muestra desde hace tiempo con la selección de España. A la pregunta del Trivial de quién es el siete de España nadie que quisiese ganar un quesito se le ocurriría responder “Villa”.

Viejo zorro este Raúl, que se fue Europa adentro lamiendo sus heridas,  sin dejar un reguero sanguinolento y odiador, que se marchó como el viejo esquimal ,sin hacer ruido, a morir donde a nadie pudiese molestar. En lugar de estertores futbolísticos Raúl aún tuvo tiempo de redactar en dos años un volumen más de su Cossío futbolístico.

Y mientras aquí nos enzarzábamos debatiendo sobre los valores merengues allá en la Renania le hicieron dos homenajes. En el primero, el año pasado, vendieron en una tarde 15.000 camisetas, en las que se podía leer "Señor" y "Gracias Raúl"; en el segundo, hace días,  metió dos goles, uno por año emigrado. En cambio, el equipo de sus amores, donde estuvo 16 años, con la desgana elegante que le caracteriza, con esa condescencia póstuma tan para estas cosas, le va a dejar que juegue 45 minutos de propina… Que se vaya preparando Casillas.

Con un poco de suerte aún le dará tiempo para volver al Madrí y coincidir con ese renovado Karim, así podrá explicarle que la velocidad sin control no sirve de nada. O que es mejor irse antes de que te echen.


No hay comentarios:

Publicar un comentario