domingo, 24 de noviembre de 2013

Exceso y confusión


Corcovado de Funchal


Hay una escena que resume el guión, no sólo del episodio de hoy, sino de las últimas temporadas del Madrí, donde lo que pasa fuera del terreno de juego afecta tanto o más que lo de dentro.Corría el minuto treinta y uno de la primera parte, y Cristiano enfilaba el pico del área como quien enfila el vagón del Metro en hora punta, y cuando ya no había nadie que le impidiese llegar tarde a la cita con Esteban, fue el arquero quien salvó los muebles. Lo siguiente que retransmite en ese momento la tele es el banquillo madridista, y sale Carletto atusándose el pelo, como anunciando una catástrofe, preocupado y combando ceja. Justo detrás Zizou (salga ya de ese banquillo, s'il vous plaî), saliendo del plano con la mano tapándose una sonrisa pilla y confiada. Anchelotti angustiado y Zidane sabiendo que entonces empezaba lo bueno. La imagen, que retrata a la perfección lo desquiciante de este Madrí, no es exceso en la superioridad, sino la confusión en la que tan bien se maneja.

Ya por entonces Cristiano había celebrado el primer gol, institucionalizando una nueva celebración alternativa, con ese brinquito que rememora el mejor de  los tour en l´air del “Lago de los Cisnes”, una cabriola en el aire sin tutú. Aterrizaje y abrir de brazos dejando que los niños se acerquen a mí.
Xabi Alonso detentaba el poder en cuarto y mitad del campo, dejando el resto a Illarramendi, su Mini-Yo rubio. Nadie se acordó que Modric, como las chachas antaño, tenía la tarde del sábado libre. El Almería sólo pudo acordarse de sus invernaderos, y se echó  los plásticos por encima hasta que amainase el granizo.

Lo demás pasa desapercibido hasta que Cristiano decide volver a ser noticia. Salió del campo, dicen que por un golpe, pero hay quien fantasea que lo hizo para que los jóvenes del equipo empezasen a pedalear sin ruedines, y fue entonces cuando los niños salieron al patio a jugar. Fue un recreo reivindicativo y de listón alto, con Carvajal y Arbeloa llegando muchas veces hasta la línea de gol almeriense, y Karim, Isco, Bale, Jesé, Morata e incluso Casemiro pidiendo la vez para meter su golito.

No hubo más acoso en todo el partido que en los últimos minutos del juego. Pero el derribo ya se había ejecutado una hora antes, cuando Zidane veló su sonrisa anunciadora y gamberra.



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