lunes, 20 de enero de 2014

Ética para Josemari



Lagartijo. La ética


Cuenta  Alfonso Navalón en “Viaje a los toros del sol”, con ese desparpajo casi hilarante que antes tanto gustaba y ahora tanto incomoda, cómo estando en el inabarcable museo taurino que poseía Antonio Urquijo relucía con luz propia, entre el resto de joyas, una alhajita en forma de telegrama de Lagartijo fechado en 1891, donde el cordobés da sucinta cuenta de lo ocurrido esa tarde en Bilbao, plaza en la que estaba toreando entonces: ”Murubes, regulares. Caballos muertos, 20. Sin novedad. Lagartijo”.
Esto, sin verbos, que no debería pasar de explícita anécdota, se convierte en días como el de hoy en todo un máster para community  managers.
Hoy Manzanares ha estrenado empresa de comunicación, pero su nota de prensa de debut ha sido tan indescifrable como los cables de Wikileaks.  Venía a  decir la misiva de Josemari que te quiero, pero sólo como amigos; que ha sido muy bonito esto que hemos tenido, pero que ahora quiero volar solo;  que fue bonito mientras duró, pero necesito tiempo para pensar  en todo esto…..  No es un contigo pero sin ti, sino todo lo contrario. Y  yo no entiendo nada, pero es que prefiero dejarlo estar.
Lo que diferencia el telegrama de Lagartijo y el teletipo  de Manzanares no es lo que dice, sino lo que oculta. Resume Rafael en 8 palabras toda una gran tarde y no consigue Josemari comunicarnos nada en 480. Le duele mucho, pero no va a Sevilla. Esa afición le ha dado todo, pero lo hace por sus compañeros.
Hay un proverbio masai  que asevera que cuando dos elefantes luchan es la hierba la que sufre. Y es así como se siente uno.      Mientras los cárteles de toreros se zurran con los empresarios oligopolistas aquí sólo hay uno que siempre es pisado. Porque hablar de respeto y su ausencia es contraproducente cuando se piensa sólo en cuatro más. Hablar de compañerismo es aséptico cuando se hace huyendo y no marcando el territorio.
Es inexplicable esa enquistada corriente entre los matadores de ahora de  vindicar el toreo antiguo y sus leyes inamovibles, pero con costumbres selectivas y condiciones a medida (ya no sólo los toros, ojo, incluso se personalizan los públicos, que no son aficionados, pero vienen con carnet).
Contaba Corrochano cómo Lagartijo defendía su trono ante Frascuelo exigiendo que los toros del famoso mano a mano al final de aquella temporada fuesen cinqueños, y del duque de Veragua. Poniendo condiciones por exceso.
Hoy el nivel baja por momentos. Josemari ha enviado un guassapp a la afición, a la espera de que El Juli presente en el Círculo de Bellas Artes ( pero no había alicatado Abella no sé cuántas salas nuevas en las galerías de Las Ventas??) su calendario con las cruces ya marcadas. Desplazamos la competencia desde las plazas a las tribunas públicas; sustituimos los toros -mientras no contraten un Globomedia seguirán sin púlpito donde ser oídos-  por panegíricos y comunicados. De la ética del compromiso a la estética del postureo. Esto no es precisamente lo que se dice querer pasar a la posteridad.


Lo malo de todo esto es que no veremos a Manzanares resarcirse en Sevilla de la deuda pendiente que tiene con el Victorino. Lo bueno de todo es que lo mismo este año sí que Sevilla tiene un color especial, y nos toca ir, claro.


Manzanares. La estética



Las fotos y el enlace son del blog "Hasta el rabo todo es toro", de Antonio Díaz, que se echa de menos sus escritos geniales igual que El Juli echará de menos no poder matar la de Miura este año en Sevilla.

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