jueves, 6 de febrero de 2014

Qué manera de palmar



"Jesé la reventó con la mirada y luego le dio un golpe sutil lleno de ingenio" (Manuel Jabois, su crónica)



Compadreábamos antes del partido en esa jaula de grillos que es el guassapp  –esa tertulia de cafetín de andar por casa, ese twitter solo para allegados- con la presunción temerosa de que el de hoy era un partido de Abril, que es cuando resueltamente los grandes se juegan las semifinales y las renovaciones; ese mes que le sisaron a Sabina antes de que diese forma a esa arenga atlética en clave verbenera  -“Ni merengues ni marrones, a mí me gustan las rayas canallas de los colchones (..) Como los indios okupas que acampan con sus banderas en la ribera del Pupas”.

Pero no hubo caso, y la rutina de lo inevitable borró de un plumazo el  mantra cholista: silencio y trabajo, no me van a hacer creer lo que no quiero. Aunque algo sí se han querido creer los atléticos cuando ayer volvieron a apelar a la baraka del Madrí en los goles y al indulto de Diego Costa demonizando el de Arbeloa (“qué manera de sufrir, qué manera de palmar”). De la lástima, como de las papelinas, también se sale.

Hay un minuto, frenético y decisivo, que resume telegráficamente el: en el 72 Lukita salva en línea de gol el testarazo de Godín  (que hubiese abierto la eliminatoria con 2-1) y del mismo rechace se masca engendra la jugada que termina en el segundo gol atlético, el de Miranda en propia puerta.  El Atleti metió más goles que nosotros, eso es innegable.

Si alguien salió reforzado del partido anoche ese fue Di María (lo de Pepe es otro cantar, y este no es el foro donde tratarlo), que sigue recordando al anarquista de los cuentos de Chesterton, corriendo con una bomba siempre en la mano, ese peligro constante que no sabes dónde va a liarla. Es Di María el mayor bonificado con la salida de Özil y las lesiones del resto. Le busca uso Anchelotti en el equipo como quien se lo saca al ibuprofeno: vale tanto para un resfriado como para un dolor de muelas. Aquí es donde mejor podemos aplicar la paradoja de que Carletto  no ceja en su empeño.En contra de cómo les está afectando a otros viejos rockeros blancos, al Fideo le vino bien aquello de acomodarse. Anoche enhebró con precisión numismática el pase del segundo gol, en el que Jesé (otro que tal baila; cuanto menos habla, mejor juega) fondeó en terrenos de Benzema y metió punterita como Romario nos dejó enseñado (si hubiese en este país algo de justicia poética lo que verdaderamente debería ser recordado de Luis Aragonés sería cuando le zarandeó al brasileño y le soltó eso de “míreme a los ojitos”). 

Y así uno vuelve al castizo costumbrismo del día a día, a las rutinas de antes de todo esto, a las madrugadoras retenciones en las principales salidas, a los “Miércoles cerrado por descanso del personal”, a los “Jueves paella”, y al diván de la barra del bar, donde el madridista celebra que su equipo gana en Febrero como anhela que lo haga en Abril, y el del Atleti desayuna el cafelito con la magdalena de Proust -en busca del tiempo perdido-  mientras tararea despreocupado el verso aquel de su himno verbenero: “qué manera de sufrir, qué manera de palmar”.


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