jueves, 3 de abril de 2014

El hambre de mañana





La primavera fue siempre muy de revoluciones, y Abril su mes fetiche. Hace ahora 30 años en la capital de  Portugal  surgió la de los claveles,  con el “"E Depois do Adeus" de Paulo de Carvalho como contraseña entre los insurrectos, y justo tres décadas después es el  Madrí quien anhela tomar Lisboa con  el “Zadok the Priest” de Händel  como soniquete. Así muchos nos hemos pasado la vida entrando en la primavera como nos tiene dicho Gistau, “con la expectativa de que el Real Madrid jugara en mayo el único partido que da sentido a todo cuanto es”.
No entró el Madrí  esta vez al partido como en otra ocasiones, que es como entran los piperos al estadio: tardeando y glaciales. Esta vez, ya en el minuto dos, volvió Bale a salir al paso de ese rumor inefable que asevera que una hernia le impide jugar al fútbol. Cada jugada decisiva del galés es un borrador más de la declaración de la renta que Montoro tiene que devolver.
Tuvo el Seedorf de Málaga  que salir a escena sin haber ensayado apenas, sacudiéndose el mono de operario que Carletto le ha encalomado. Es este Alarcón Isco un caso digno de un webinar. En este contexto, donde ha jugado menos partidos que los que quedan sumando las competiciones aún vigentes, ayuno de rodaje competitivo, expuesto a comparaciones insidiosas, tantas como silvas y cazorlitas  uno pueda encontrar, otro jugador hubiese adoptado una displicencia retadora, similar a la de ese escribiente Bartleby que a cada requerimiento de su jefe no articulaba más que un lacónico “preferiría que no”. Medró Isco en todas las jugadas de ataque merengues -siempre cerca del balón o del desmarque, siempre compartiendo puente de mando con Modric, sin que nadie preguntase por Di María -  y porfió en esas tareas más agrestes,  que hasta el mismo Carletto ya no sabe si quiere hacer de él un nuevo Seedorf o un nuevo Gattuso.
Llegaron luego las rutinas de siempre, porque todo lo que vino después fue el día de la marmota, como atrapado en el tiempo: arreones en ataque, overbooking en el área alemana,  esa suficiencia fingida que hace pensar que tenemos el partido controlado… y todo embalado por la poca exigencia que trajo este año el Borussia; baste recordar que el mayor esfuerzo de Casillas anoche fue “revendarse” las espinilleras de otro color. Quede para la hemeroteca que lo  mejor que se trajo  este año el Borussia fue el peinado de Aubameyang, con sus sienes decoradas de formas caprichosas -cenefas de fantasía- que trajo también un goterón de  exotismo, del que sólo se ensalza su origen  gabonés, pero nadie dice ni pío de que su madre es de El Barraco. Otra prueba más de que los abulenses son gente de consenso.
Ya en la segunda parte, con los alemanes metiendo más jugadores por delante del balón y más hinchas en las gradas, aparecieron esas grietas que hacen que al Madrí sólo le falte pedir la hora y colgar el cartel de “cerrado por derribo”.  Volvieron viejos fantasmas que confirman que el Madrí no se cree aún que quiera la décima, a pesar de todas las veces que se lo repite. Desajustes en las marcas, ausencia de ayudas en los doscontrauno, líneas distanciadas hasta decir basta....Asomaba Carletto con un chambergo y capucha que parecía sacado directamente de South Park (nos hizo albergar por un momento la esperanza de que no habían matado a Kenny) y de tantos desajustes que veía no supo por dónde empezar a dar órdenes, y se volvió al banquillo. Al final pensaría lo que el resto, que meta otro Cristiano y nos vamos.  Dio tiempo para que Pepe hiciese de cizalla y cortase todo lo que se movió por su zona, ganándose así la ovación de la noche, no ya de los que le aplaudieron en su día por atacar a Mou, sino por todos esos que pensando que es un judas le quieren otra vez en el fango y las trifulcas.
Resultado que alienta, por mucho que en la vuelta juegue el polaco ese que nos metió cuatro el año pasado. Lo que verdaderamente reconcome no es tanto pasar la eliminatoria, sino saber si queda algún truco en la chistera de la improvisación y la providencia -lo que el bueno de Kakel  dijo anoche, “pan para hoy, hambre para mañana”- porque el resto de semifinalistas también quieren su revolución. Y no hay claveles para todos.







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