jueves, 29 de mayo de 2014

19ª de feria. Robleño no tiene quien le escriba.



Dicen que es mejor papel pequeño para apuntar que memoria grande para olvidar. Mejor también blog de amigos para contar que otros medios para descalificar. Porque los ibanes de hoy no han sido los Ángeles del Infierno, pero al mismo tiempo que se les ha acosado hasta derribarlos por Twitter, mar y aire parece como si lo de Jandilla y Juan Pedro, la misma birria con otra procedencia, hayan subido al mismo lugar en el podio donde reinan los siete de Martínez que mató Joselito.
Venía la corrida de hoy bien armada, desigual en hechuras, con un toque agalgado, pero impecable la presentación, y con muchas, muchísimas ganas de salirnos del juampedrero menú del día, de tanto refrito y tanto segundo plato. Quedan para tertulia y debate lo bien hechos que estaban el segundo (Tomillero) y cuarto (Costurito I), dos de los cinqueños de la corrida, la clase para la muleta de un primero Camarito y la emoción que nos ha transmitido este Tomillero que un duro quinario ha hecho tragar hoy a Bolívar. Y rascando en los detalles parece que ser que pican estas corridas, que escuecen, a los que abominan de ellas. Pobres.
Al igual que el coronel de García Márquez, Robleño no tiene quien le escriba. Ni en los portales oficiales, ni en los canales de pago,…no hay un remoto libelo que hable de Fernando, y nosotros usaremos los escuetos medios que tengamos para loar todo ese reguero de escolares, palhas, tulios, adolfos, curasdevalverde y dolores que como calaveras colgadas sobre lanzas marcan un territorio indómito que la mayoría del escalafón no sabría ni marcar en un atlas. Con sentenciar que en la Wikipedia francesa Robleño sí tiene una entrada -y en la nuestra no- ya queda archivada la causa. Que  nosotros sólo articulamos lo que ya dejó escrito Bergamín: si  me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto.
Con Camarito se le fue a Robleño una pelúa si se hubiese ajustado en distancias más cortas con el ibán, luego de iniciar la faena de largo y embarcando de lujo al burel. Con clase y con fijeza por el derecho, el cambio a la zocata le impidió ya ligar. El toro rebañando a medida que perdía gas, más los dos pinchazos y descabello evaporaron todo lo que prometía Camarito, y Robleño… En su segundo, Costurito I, cinqueño, aplaudido de salida (¡incluso en el siete!), derriba en una primera vara, durmiéndose en el peto se encisca y tumba al piquero con un batacazo. Ya en la segunda puya, menos ortodoxa, como calamocheando, pero más de lejos, hace que Doblado sea aplaudido. Vuelve Ángel Otero a rizar el rizo del día anterior y tras un buen primer par se supera en el segundo, ofreciendo todo el terreno y las ventajas al toro mientras cuarteaba de tal manera que iba adecuando su velocidad a la arrancada de Costurito I. Bello Otero. Acto seguido Fernando, ya en harina con la pañosa, probó de todo: empezó en el estribo, luego se llegó con él hasta los medios para concluir entre las dos rayas. No hubo caso. Sin sangre ya, seco tras el tercio de varas,  el toro estuvo más topando que embistiendo. Si algo pudo hacer Robleño no fue en la muleta, sino en el mitin de después con los aceros y descabellos. Ni por esas. Mala suerte la de Fernando, que por alusiones es la nuestra.
De Bolívar sólo mentar que le tocó en suerte, o por desgracia, el toro del que todos hablábamos durante y después de la corrida. Tomillero, cinqueño, aplaudido de salida, que acudió presto y de lejos a su primera vara, que aterrizó en el costillar para terminar entablerado con una carioca. En una segunda entrada, de lejos también, de alegre embestida, queda el toro otra vez tronchado, picado en zonas de la paletilla. La verdad que en banderillas se duele, y eso que sólo vemos clavadas tres. En la muleta, con un aire que ya se convierte en molesto viento, ya salen ese condicionante de un toro que se moteja de “guasa”, que es tanto como decir “genio”. Cabeceando, soltando la cara por el pitón derecho, la cosa se pone bronca, pero un prurito de emoción aliña la faena, llega a los tendidos ese peligro que sin llegar a ser sordo es de una intensidad muy baja; sigue Tomillero rebrincando y descompuesto, aun así le saca dos tandas más Bolívar. Imposible templar, impensable ligar. Lo de la mano izquierda ya fue un trapacear hasta desembocar el  desarme del colombiano. Gritaban desde la grada eso de mucho arroz para tan poco pollo. Ahí bajó Bolívar la mano y por un momento el castaño dejó de protestar, pero ahí empezaron las coladas, que fueron tantas como las de la lavandería de un hotel. Tras media estocada Tomillero fue aplaudido a su arrastre, se oyeron pitos leves a Bolívar, hecho todo un tío ante un pavo que muy probablemente no veamos uno igual lo que queda de semana. De su segundo, Mejicano, sólo recordar que ya se cayó en el recibo capotero, y que volvió a tumbarse en banderillas, mientras Bolívar se desesperaba en burladero de la garita. Caída tras caída, sin posibilidades de poner nada a trabajar, así remató el colombiano  la tarde, sin fortuna, pero viniendo a corridas de esas que dicen que no embisten. 
Antes de desmenuzar algo de lo que Rubén Pinar ha instrumentado esta tarde recordar lo que escribió Cervantes: “el camino del ya voy conduce a la casa del nunca”. Preferimos acogernos a sagrado y correr un tupido velo, a la espera de que sea el propio Rubén el que deshaga el entuerto de discernir a qué casa quiere llegar, y qué camino va a recorrer.




.

No hay comentarios:

Publicar un comentario