viernes, 30 de mayo de 2014

20ª de feria. Los Pilares en la tierra.



Juan Pelegrín para Las Ventas


La sentencia (benditas citas) es de sobra conocida, y no por ello menos vigente, por más que aquí se haya enunciado cienes y cienes de veces. Dejó dicho Lord Kelvin, y no para David El toro de la jota de enunciarlo en cuanto le dejamos, aquello de que “lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide no se puede mejorar. Y lo que no se mejora, se degrada siempre”. Y esto, en los toros, es tanto como decir que las imposiciones atávicas - de figuras, de apoderados, de albéitares- serán dentro de nada, si no lo son ya, la ponzoña que todo lo cubre.
Infame ya no sólo el contratar, que también, sino el aprobar una corrida mal presentada, sin fuerzas ninguna, abantos todos, renuentes a cualquier estímulo, dudosa de cuerna, que se estaban más tiempo acostados en el albero que levantados o parados, flojos los remos... Con la de Baltasar Ibán se apostaron los francotiradores en todas las tribunas a verter sus sentencias de muerte, y hoy con más motivos si cabe para aventar un fraude flagrante mayor que el de ayer aquí ningún revistero ha asomado por las azoteas. Sólo una parcialidad tan definida, tan de nadar y  guardar la ropa, sólo así esto de los toros con el tiempo se llamará, yo qué sé, “arte y ensayo en directo”, “representación teatral de mentirijilla”, o “performance de viejas costumbres y antiguallas”. Todo es mentira. Y si se han oído pitos en la grada del tres, en andanada del ocho y nueve, en los tendidos del tres y cuatro, eso sólo puede desembocar en dos posibilidades: o los del siete se ha dispersado por toda la plaza para sabotear a las figuras, o que en su ejercicio de paganini con la obligación de abonar la entrada, que es con la que se adquiere el derecho a ejercer de aficionado, todos los que estábamos allí nos hemos dado cuenta que lo de hoy ha sido un atraco a mano armada.
Y así, obviando el toro, que de centro de todo este tinglado ha sido degradado a la periferia de la corrida, acaso no quede más que analizar cómo es que ni siquiera eligiendo ganadería, toros y peluquero los coletudos no son capaces de gestionar recursos fuera de lo que es el carril y la bobería. Porque en un primero que recién salió al albero ya se estrelló con un burladero, que de Resistente sólo tuvo el nombre, quedándose crudito en varas, Castella sólo pudo recetarle un inicio en tablas, primero desde el  estribo, con sus doblones y su trincherilla. Que ya cuando apareció en los medios con sus estatuarios el toro empezó a pararse y a echarse al albero, pidiendo chicharrón con urgencia. En el cuarto más de lo mismo, se frenaba el aniñado Potrico, sin solución de continuidad para Sebastian, sin tilde, que es como nos han enseñado los franceses a pronunciarlo. Ojalá se recupere de la lesión con la que vino de Osuna, será lo mejor.
El segundo, Niñito, primero de Manzanares, sufrió de una lidia nefasta, siendo picado en el uno, y con una overbooking de capotes en el tercio de banderillas, consiguiendo que sólo se mascullase entre los abonados cómo la marcha de Trujillo había truncado el "todo" que era la cuadrilla de Josemari, que en la muleta, como el día de Victoriano, no paró de cantar “Contigo en la distancia”, sin ajustarse, sin arrimarse, pero todo muy bello. No le salvó ni el cambio de mano. Que conste en acta que a Josemari se le protestó sólo a partir de la tercera tanda, por eso de que si me mientes una vez la culpa es tuya pero si me mientes otra la culpa es mía. Y a la tercera, como a cualquiera, se protesta como en cualquier plaza del mundo, se hace y no pasa nada. Al final se rajó el toro, y estocada contraria para terminar, que ni el matar le ha salido bien hoy a Manzanares. En el quinto sí que hubo palmas de tango desde principio -todo tiene un límite- y Portillo venía con el freno de mano echado. El más protestado de todos, por sacudido de carnes y por indicios de manipulación de astas, y es aquí cuando ya se grita eso de “tongo” y lo de “Pum, petardo”.
Si hay a un aliento, un brote esperanzador  que pueda emanar de todo este páramo ayuno de integridad y decoro ése es Tala. Como el de la canción, más triste que el que está al otro lado del telón de acero, con esa ausencia atemporal, solo queda esta nueva república independiente de Alejandro, escindido de las grandes familias de la camorra, sentenciado en todas las ferias (ni en Valencia, ni en Bilbao, ni en Alicante, suma y sigue), embargado por el oligopolio de los cuatro caciques, es Tala lo único que nos mueve otra vez a una ilusión. Su disposición las dos tardes que ha asomado, el continuo naufragio del resto ayer mismo, nos hace agarrarnos al pecio de Tala, a su porfía contumaz de capote de manos bajas y su vindicación  muletera de terrenos donde hay se exige verdad y se demanda poder. Trabajo de orfebrería el que hizo al sexto, Fantasioso, al que le sacó lo que no tenía, hasta que el depósito se quedó en la reserva. Hambrientamente dispuesto, con el viento de los tendidos a favor, es ahora cuando nos gustaría verle con otros toros y en otros carteles. Aunque eso ya no dependa de él.

Para un detalle más pormenorizado de lo de ayer, mejor leer a Cartujanillo. El rato que echamos ayer a la salida de la plaza, la parrafada en la misma Puerta Grande, mientras el maestro César Rincón que pasaba por allí no paraba de retratarse con todo el que se lo pidiera, ese rato y poco más es lo que uno salva y hace que hoy ya pensemos en el qué pasará, y nos olvidemos de lo que nunca ocurrió. Gracias Rubén por la tertulia improvisada de ayer. 



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