miércoles, 21 de mayo de 2014

Corrida de la Prensa. El hombre propone, Dios dispone, y el juampedro repone.





Un poco por los indicios de casta de sus primos de Parladé, otro poco por la presentación de la corrida, acaso también por el discurso que despliega el último Juan Pedro, el Morenés –aquel que explica allí donde quieren oírle que él no es su padre, que la astilla no ha salido al palo, que él busca otra cosa- es de recibo admitir que el runrún hoy en las redes sociales ( como agudamente explicó hace días Hughes “yo no detesto Twitter por revelar lo peor del género humano sino por pretender abanderar lo mejor”) gozaba de patente de corso, hoy Damocles no estaba en el siete, ni las espadas eran pañuelos verdes ni palmas de tango.
Bien presentados, cinqueños largos, parejos en edad, variadas las capas y hechuras,.. Más de lo que veníamos viendo. La alfombra roja estaba echada, sólo faltaba que empezase la función. Pero se alzó el telón, los focos se encendieron y allí sólo había attrezzo, sin actores ni guión, las formas volvieron a tapar el fondo, y tras esa fina estampa de por fuera sólo hubo ausencia de fuerzas. El hombre propone, Dios dispone, y el juampedro repone. Pero no esa reposición en la que se hace rectificar los pies al torero, más bien ese kitkat del toro entre pase y pase, ese coger aire para seguir la travesía por ese desierto de nadería que es la inexistencia de la casta.
Yo de Manuel Jesús sólo tengo ya buenos, imborrables recuerdos guardados, porque de sus últimas actuaciones no consigo desempolvar nada que me consiga rebullir en el asiento, ni siquiera la faena a Verbenero en Otoño salda las deudas que tiene con el crédito que tantos y tantos aficionados le seguimos dando. Seguiré cumpliendo en silencio con ese pacto secreto conmigo mismo por el cual un día me juré no silbarle nunca jamás, por todo lo que me dio sin yo habérselo pedido.
Parafraseando a Ramón de Ayala, si yo fuese dictador en España, prohibiría chiflar al Fandi en banderillas, pero como no lo soy me limito a aceptar que él defiende su tauromaquia sin excusas ni jaculatorias, asumiendo el maridaje de sus sprints jamaicanos con sus garapullos al violín.
El mejor toro de la tarde (el más muletero queríamos decir) fue su primero, “Halado”, melocotón de capa, almíbar en la muleta. Pero ni él se enfadó por no cogerle el aire ni nosotros nos enojamos por no verle romperse con “Halado”. 
Es Del Álamo la gran esperanza blanca entre los jóvenes. Pocos vicios y buenas maneras. Acumula Juan orejas en Las Ventas como los chiquillos en los ochenta acumulábamos cupones de yogures: sabíamos que por separado tenían poco valor, pero si los juntábamos todos el premio era el paraíso. Llamando a las puertas del cielo. Hay en los tendidos un silencio en sus faenas más de expectación que de indiferencia, como de que le salgan bien las cosas al mirobrigense. Del Álamo es ese delantero de la cantera que mete sus goles contra equipos modestos en Liga y que todos queremos que sea titular en Champions. Hoy volvió a marcar en fuera de juego, y a veces de cacho; la oreja de hoy vale menos que la del sobrero del Vellosino, y él lo sabe. Como sabe que habrá más yogures, con su premio gordo y todo.


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