sábado, 4 de octubre de 2014

2ª de abono de Otoño. Caridad y compasión.



Foto de Juan Pelegrín para las-ventas.com


Se devolvían toros a los corrales como cheques sin fondos en las ventanillas. Las culpas cambiaban de manos tan rápido como la tablilla de peso y de ganadería. Y así, cuando la terna cargaba contra el ganado los aficionados tanto hacían contra los propios toreros, y estos de nuevo volvían a cargar contra los tendidos,  y es que no  está nada bien eso de elegir ganadería y luego echarle las culpas  a otros. Y entre devolución y devolución bisbiseaban los aficionados con que Julio, el presi,  es ciertamente despistado, incluso que le falla por momentos la visual, de ahí que algunos de los cuvillos ni fuesen devueltos, o que los restantes tardase una eternidad en reenviarlos al sitio del que nunca debieron salir.
Si lo que separa la nobleza de la bobaliconería es una delgada línea roja, Núñez del Cuvillo hace tiempo que pintó esa raya y luego de pasarse al otro lado ya se instaló, sine die, y de ahí ya no hay indulto en Sevilla que te salve. Porque si llevas dos años en el banquillo de Las Ventas (exceptuando el sobrero del 22 de Mayo) y te vuelven a poner de titular lo mínimo es que lo des todo. O algo, digo yo. Y no estas caras anovilladas en cinqueños volúmenes que se derrumban, inválidos todos, descordados algunos, haciendo bueno eso que dicen de que no hay una segunda oportunidad de crear una buena impresión. Y lo peor de todo, la casta saltando por la ventana desde que las figuras entraron por la cancela de El Grullo. Una cosa lleva a la otra, y si a la justeza de fuerzas la aliñas un criterio bonancible en la selección te queda lo esta tarde, caridad y compasión.

Ante semejante escena bastaba con recetar todo ese relicario contemporáneo, que no moderno, de términos y tratados de nuevo cuño, más cercanos a los cuidados paliativos que a la lidia y brega en los tres tercios. Quien mejor lo entendió es Finito de Córdoba, que desde que le apodera la parte francesa que regenta la plaza de Madrid se está atiborrando a abrir carteles, sin más miramientos que componer una esbelta y torera figura, sin necesidad alguna de parar, mandar, cargar y/o templar, que es tanto como decir que su lote moribundo de hoy le ha permitido hacer lo de últimamente pero con una excusa ajena a su toreo. Pero claro, como explicó él mismo ante las cámaras, siempre está “esa minoría a la que no hay que dar importancia” que es la que aborte todo intento de engañifa, y que al final más que defender esto lo sabotean, impidiendo una vez más que uno pueda sentirse a gusto y expresar su tauromaquia.

Quien es digno de estudio es Fandiño, que prorrumpió en nuestras vidas allá por 2011 con ese pavo de Cuadri llamado “Podador" y alguna cosita más con adolfos y que desde entonces, como globo que se desinfla, se ha ido alejando silenciosamente de nuestros corazones tanto o más que de su concepto de torero con poder, y entre parladés y alcurrecenes va aguando su toreo, que es de embraguetarse y dominar, y cuando le salen toros como el de hoy – los dos menos malos se los llevó él, el sobrero de Juan Pedro para hincharse, y el tris del Torero con cierta transmisión y alguna que otra teclita que tocar- Iván ya no sabe si es gavilán o paloma, si quiere ser figura independiente o independiente o figura. Y en  esas estamos, en que Fandiño deshaga este descastado trayecto en el que se ha enzarzado, y que vuelva a esos toros con los que pechaba y que le han permitido estas licencias deshonrosas que más que encumbrarle hace que se destapen sus vergüenzas. Ver a un tío como Fandiño rematar por bernadinas es como ver a Chuck Norris disparar con dos pistolas de agua. Se dice que el primer año de casado es el más difícil, y que los demás son imposibles. A ver cómo vuelve Iván de la luna de miel.

Creo sinceramente que Daniel Luque es uno de esos damnificados por abrir la Puerta Grande de Madrí yéndosele un toro de bandera sin lidiar. Lo que no le hizo a “Cartuchero” no tiene nombre, y es Luque el más claro ejemplo del que siempre amaga y nunca pega. Lo mejor suyo fue acompasar – que no templar- la agónica movilidad de su primero a los vuelos de su capote. Y ya. Porque si es bueno tener un telonero como Finito para calentar el ambiente, que menos que por el mismo precio no encaje Simón Casas a un torero como Luque para que cierre la tarde cantando unos bises.

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