viernes, 14 de noviembre de 2014

La balanza de Iván



Hay una escena demoledora en la película “Barrio”, justo cuando los tres protagonistas se encuentran atracando una tienda de trofeos y medallas deportivas. Es ahí cuando uno de ellos se abalanza sobre una gran copa, un trofeo para una competición de natación, y uno de sus compadres le interroga (“¿Para qué quieres tú eso, si no sabes nadar?”), a lo que él refunfuña:

- No sé nadar, pero sé ahogarme.

Ahí se asienta, en esa escena, todo Fandiño. Su toreo, y su microclima. Su tozudez y su entorno. Lo que es él y los que le merodean.
  
La improvisación alevosa nunca tiene prisa por llegar, pero el respeto sí. Quedan seis meses para Pamplona, Céret y Vic-Fezensac y las ganaderías ya están casi escogidas – no como en Madrid, donde en gran media dependerá del tráfico de camiones y su densidad que haya esa misma mañana-, y a todas estas Fandiño anuncia que para Ramos en Las Ventas se va enfrontilar a seistoroseis, y no de esas ganaderías del sentirse a gusto y expresar tauromaquias precisamente.

Es Fandiño de los pocos toreros, acaso el único, al que no se le perdona que haga justo lo que el aficionado demanda, que es lo contrario de lo que anhelan los taurinos, y eso va desde no participar de sabotajes sindicados y desplantes a empresarios taurinos – la integridad tiene un precio, bien sabe Iván que es eso y no otro el nudo gordiano que le hace estar fuera de los carteles de campanillas- , hasta alternar en la misma feria ganaderías duras con las comerciales – Perera, que con firmeza irreprochable también lo ha hecho este año, ya ha discernido sobre lo que embiste y lo que no . Y gris no es). No se le perdona que se atreva con hierros duros (¿qué hierros son los blandos?) ni que no baile el agua a las figuras (¿qué es ser figura y qué no?)

Dos veces ya pechó Fandiño con seis pavos –Valencia y Bilbao- y en aras de la verdad no salió la cosa para llenar páginas en el Cossío. A pesar de lo inefable de ambos gestos, las orejas cortadas - ¿hay alguien que aún le sigan interesando?- no taparon ni el cemento vacío de los tendidos ni las sombras que pueblan cierta parte del toreo de Iván. Y eso ocurre cíclicamente cada vez que Fandiño asoma por Madrid, su obstinada tozudez –la sombra cómplice de Néstor es como la del ciprés de alargada-  alterna con sus omisiones y ausencias técnicas. Porque Fandiño es un balancín en el que cuanto más se eleva su verdad y gallardía – al cite honesto le sigue una patita adelantada que embarca y embragueta- tanto más baja su variedad resolutiva   – y es que no es Fandiño un torero precisamente largo, ni amplio en su catálogo de recursos y sutilezas.

Instalado ya en la predilección de los fieles del abono – esos reventadores que aparte de exigir al que puede y no quiere, también ensalzan al que quiere, por poco que sepa- tiene Iván seis toros para no ahogarse –bien sabe él  que para esta travesía no le hacían falta estos flotadores- y no será hoy el día que nada ni nadie le puede recriminar ya el ir contra corriente, aunque sea para morir, o matar, en la orilla.


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