jueves, 26 de marzo de 2015

Las dos Españas de Fandiño





Aquel día en la plaza de Bilbao ni siquiera los dos autobuses que zarparon desde Orduña rumbo Vista Alegre acudían a alentar a Fandiño.  Era una corrida de El Ventorrillo -tan fuerte como descastada-  y las letras gordas del cartel eran para Ponce y El Juli. La única oreja se la llevó Iván, con un sexto grandullón y hosco que, como guasonamente bien alumbró Zabaladelaserna en su crónica, era “el bisonte de los paquetes de tabaco de ídem”. Pero luego ya nadie se acordó de Fandiño; en el Indautxu toda la tertulia giró en torno al toreo periférico y de M-30 de Ponce, que es como lo explicó Zocato, y al poder sideral del Juli y el resuello que silba cuando se arrima, que es como lo sueña Pacorris. Pero de Fandiño nada más se supo. De eso va a hacer ocho largos y oscuros años, como vagones de tren en un túnel infinito, en los que Fandiño, en continuo plebiscito de taurinos y toreristas, ha sido zarandeado tanto o más que los huesos de Cervantes.

El invierno  entumece,  las tertulias taurinas, intensísimas, sin ningún tipo de consecuencia,  se estiran como debates de hemiciclo, hasta aterrizar en una descalificación o una afrenta. Que si esto lo hace una figura lo desacreditaríamos en cuanto lo anunciase, que si ya hay baile de corrales con los sobreros, que si es gesta o si es gesto…. Lo que no ha conseguido Rosa Díez en su partido ya lo ha logrado Fandiño con las dos Españas: poner de acuerdo a la del tertuliano fijo discontinuo y la del perro del hortelano. Ni siquiera ese patio de vecinas que es Twitter, donde se sacan todos los trapos sucios a ver si se airean y salpican a alguno. Ni siquiera ahí, los opinadores profesionales –lo malo no es estarse callado, lo malo es no opinar de todo, aun sin tener ni puta idea-,  ni los que ni comen ni dejan comer, han salido ilesos. Todos han ido a lo mismo, a la castiza herencia de criticar por criticar, rellenando el aburrimiento con toneladas de aversión y mala baba, sembrando de inquina todas las horas muertas que quedan hasta el domingo. Y lo malo no es que todos vayan a una contra él, que también, sino que Fandiño no va a llenar la plaza fuera de abono porque se encierra con seis estirpes distintas, para que se encuentren público y aficionados. No. Fandiño se ha involucrado en esto para encontrarse con otro que es él mismo, como si su baraka y providencia fuesen veinte pasos por delante de su silueta. Eso es lo único, de todo esto, a lo que aún no ha derrotado.


Nada se puede perder el domingo; todo lo que consiga Fandiño será un triunfo. Sólo suyo.

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