jueves, 30 de julio de 2015

Las ciudades invisibles : Azpeitia







Dejó escrito Italo Calvino que cada elección tiene su anverso, es decir, una renuncia, por lo que no hay diferencia entre el acto de elegir y el acto de renunciar. Era -por casi lo mismo- elegir Céret,Pamplona y Azpeitia a la vez, o asistir a Ronda únicamente. 
Uno se desliza hasta allí con una promesa: carteles exuberantes, con esos toros que nos seduce. Así llegaremos a Azpeitia, como los yonkis de esto, brujuleando en busca de su gramito de droga dura. Ciudad invisible, como Céret. Como todo lo que que condena o absuelve.

Cuando casi todo está  perdido no asoma, en esta semana, una forma más pulcra y contundente de defender esto -los afiches en Twitter ya no valen, el desmonterarse en el paseíllo parece que tampoco, disfrazarse de lince ibérico es un desmán-  que ir allí donde manda el que paga, impensable solución a los ojos del taurineo, y mientras se pierde la batalla en las ciudades donde se endeudan por ver a las figuras, aún resisten las que saben que la emoción la pone primero el toro. Y eso es Azpeitia, que como si de Lázaro se tratase, te levanta y te pone a andar.

La pena de Azpeitia será no ya el que nos decepcione; la putada va a ser que  nos guste.











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