miércoles, 1 de julio de 2015

¿Podemos o no Podemos? Ejemplos y ejemplares.






Quizá Manuela no llegue a verlo, lo de acabar con los toros, al menos en Madrid. El Kichi no tiene tal dilema en Cádiz (su delito no es retirar la foto de un rey y colgar en su lugar la de un alcalde anarquista, el fraude es no colgar una foto de Mágico González, o de Los Yesterdays de Juan Carlos Aragón). Ya llegará algún contable con manguitos y calculadora científica que le detallará a Manuela los billetes que dejan los toretes en las arcas… de la Comunidad, no del Ayuntamiento. Pero aunque Manuela acelerase para enterrar la fiesta ya tenemos a los de dentro, como la aluminosis, arrasando con todo.  Y la dicotomía es severa, porque los que viven de esto usan, aunque sea con otro discurso, una munición verbal  que se asemeja bastante a la de los políticos emergentes.  Con otro trasfondo, con otro fin, pero no deja de ser lo mismo que manejan los taurinos. A mansalva, por cierto. La cosa va de (curiosos) paralelismos.


El listón de ejemplaridad. 

Se habla poco del toro que hace un mes se quiso dejar vivo Finito allí, en Córdoba, ya que no oyó los tres avisos. Ni uno ni dos: tres avisos, pasándose la autoridad por la Puerta de los Califas. Institucionalizar lo que está bien y lo que está mal resulta tan peligroso como dispararse en el pie. Un bumerán que siempre retorna con más violencia. Así, cuando se le preguntó sivolvería a hacer lo mismo,  a “no matarlocuando correspondía y a darle muerte cuando sonaron los tres avisos” JuanSerrano ni pestañeó: “Estaría arrepentido si tuviese pocos años de alternativa; con 24 y el currículo que llevo en esta plaza y en mi trayectoria... Sucedió así. Además, no escuché el tercer aviso. Yo lo que sentía era embestir al toro, su mirada... “. Currículo, años de alternativa, trayectoria. Como Juan Mora, que está en su casa sin torear. Y callado.
 El listón de ejemplaridad lo han elevado tanto los toreros que ahora se vuelve contra ellos, porque cuando uno quiere guiar en la rectitud moral ha de sopesar las fallas e irregularidades normas y costumbres; instruir en los valores de la Tauromaquia cuando estos no se veneran es, cuanto menos, imprudente.


Las leyes injustas están para saltárselas.

El artículo 83 del Reglamento de Espectáculos Taurinos de 1996, y el artículo 60 del reglamento andaluz se expresa en términos parejos: “en las plazas de toros de primera y segunda categoría, cuando una res por su trapío y excelente comportamiento en todas las fases de la lidia, sin excepción, sea merecedora del indulto, al objeto de su utilización como semental y de preservar en su máxima pureza la raza y casta de las reses, el Presidente podrá concederlo cuando concurran las siguientes circunstancias: que sea solicitado mayoritariamente por el público, que lo solicite expresamente el diestro a quien haya correspondido la res y, por último, que muestre su conformidad el ganadero o mayoral de la ganadería a la que pertenezca”.
 Es decir, pueden concurrir o no las tres circunstancias, pero es el presidente quien concreta  lo que un reglamento legisla. Del presidente, como del árbitro de fútbol, sólo nos acordamos de su madre. Aquel día Finito afirmó que el presidente “sacó el pañuelo muy rápido para que no lo abroncaran. Me gustaría que toda la gente, todos los aficionados, los presidentes fueran al campo y vieran los toros que los ganaderos se quedan para sementales después de torearlos allí”. Es decir,  yo soy la ley. Ya por la mañana el apoderado de Morante de la Puebla, Antonio Barrera, a la sazón hombre fuerte de la FIT en España, porfió para que se incluyera en el sorteo  el toro número 116, rechazado por la autoridad por falta de trapío. O eso  o Morante y Talavante se iban. Al final el presidente se la tuvo que envainar, para no dejar a su ciudad sin toros.


Sí se puede (pero no quieren).

Ya sólo queda dar la razón a Einstein en eso que dejó dicho de que para obtener resultados distintos hay que dejar de hacer lo mismo. Televisar indultos inmerecidos, decorar autobuses con arte pero sin miedo, contratar jefes de prensa, oír hablar más de los toreros por los libros que les escriben que por las faenas que hollan en nuestros recuerdos… Eso empíricamente ya no surte efecto, pasa  lo mismo con lo de que delante de un toro no se puede estar a gusto, que uno debe expresarse subyugando el poder ingobernable del toro al dominio racional del hombre, lo de componer la figura más que atraer gente, la  repele.
En la esgrima dialéctica en la que se enzarzan los toreros actuales hay un hándicap que les hace salir mal parados frente a cualquier aficionado resueltamente informado,  no digamos ya con cientos políticos o intelectuales: para ser Belmonte fuera de los ruedos  hay que rodearse de intelectuales de similar capacidad cognitiva,  incluso tener  siempre cerca un Rafael Gómez Ortega que sepa más que tú.  Y yendo a El Hormiguero,  o confeccionándote un mundo a medida, sin retos que enfrentar ni nada que vencer , tal misión es imposible.
Los públicos que estamos dejando entrar, enardecidos y jaleando algo que no entienden,  a los que hay que facilitarles la conexión instantánea mediante un atractivo. No les estamos interiorizando la catadura que conlleva a  valorar y premiar ,  o no, lo que allí está sucediendo . Sólo permanece en la retina las peculiaridades del personaje, lo ampuloso, su sorna, sus desplantes. Y ungidos a la categoría de titanes no se debería ser un ejemplo por  llegar, sino por mantenerse. Todo sería volver a lo que siempre funcionó: toreros machos con toros de arrobas y trapío.


Los privilegios de la casta. No nos representan.

La crítica enriquece cuando hay camino de vuelta, cuando aflora una réplica. La letra cambia, pero suena igual. En otra diáfana entrevista Juan Serrano volvió a manifestarse sin paños calientes: “Los toreros que somos los que nos ponemos delante no podemos aceptar que de forma gratuita se nos falte el respeto y debemos decirlo. Por eso lo digo, no porque me duela a mí. Si todos lo hiciésemos seguro que se podían cambiar las cosas, pero luego resulta que ves a otro torero que incluso es capaz de brindar un toro a la hija de un líder del tendido 7 y duele más”.
Para Finito lo execrable no es el ningunear a un presidente, ni vilipendiar al que paga (porque pasar por taquilla no da derecho a todo) o al propio reglamento. El peligro torvo de la fiesta es encerrarse con seis victorinos en la primera plaza del mundo, son los compañeros que perseveran por alcanzar la cima, el instinto de querer medrar y seguir siendo alguien en esto, sin mirar si uno lleva 24 o 25  años de alternativa. Lo ofensivo es brindar un toro en Las Ventas a la memoria de un difunto. De un líder, según Finito. De un aficionado, según los veinte mil que aplaudimos a El Cid al brindarlo.
La memoria es frágil, pero la hemeroteca restaña las cicatrices del recuerdo. En una entrevista virtual concedida al diario "El Mundo" en 2014, y ante la pregunta de cómo definiría a la afición de Las Ventas, Finito se expresó en estos términos:
“Excepcional. Es un público muy entendido y que si eres capaz de estar como merece y hay compenetración entre toro torero y público es la única plaza que con 15 muletazos le cortas las orejas a un toro”.

El fatalismo del mismo discurso, apocalíptico y sin retorno, que se personaliza y adapta según qué aire convenga. El Titanic de la fiesta que se hunde, pero la orquesta de los taurinos sigue tocando. Que el ritmo no pare.  Mientras los aficionados –algunos de ellos-, los ganaderos        –otros pocos también-  y cuatro chiflados más intentan salvarse del naufragio, la cosa se hunde por los cuatro costados, y ya solo queda agarrarse a los pecios de Céret o Pamplona. Se nos está haciendo creer, más ahora, que el peligro viene de fuera, el lobo que viene el lobo.




Quedan en el tintero efectos secundarios que van desperdigándose por esas plazas de España: El tapón de las figuras en los carteles de las grandes ferias, que la preclara mente de  don Ignacio Sánchez Mejías disecciona en este esclarecido artículo, o el manguerazo de Morante:





 o de la corona real:






o del toro de Alicante:






No, sí al final va a ser El Cordobés, invitando a tentar a los de Podemos,  el que va a salvarnos a todos.


Fotos: Blog del amigo Javier, "Toro, Torero y Afición", cuenta oficial de Twitter "Morante Tour" y cuenta de Twitter del amigo Descabellos


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