viernes, 6 de noviembre de 2015

Miura en la Asociación El Toro






Antes de entrar a la tertulia lo profetizaba el Rosco, y Pedro y yo asentíamos maquinalmente: “somos el último reducto”. Quizá sea así. Fuera de temporada, casi fuera de la ley, Casa Patas rebosaba  de incurables de esto de los toros, que buscan cualquier receta que aplaque su melancólica enfermedad. Casi todas las ferias se cierran con Miura, y las tertulias invernales en el cuartel general de la Asociación El Toro de Madrid, se abren también con una A y dos asas. Y don Eduardo colgando el “No hay billetes” como antídoto.

Hay algo de humildad agazapada en sus palabras, sobresaltada en ocasiones, pocas, por la geometría de sus manos,  discerniendo con gestos concisos y severos lo que es verdad de lo que es habladuría de la gente o inventos de la prensa. Cuando habla don Eduardo el eco de su leyenda recorre casi 175 años. Y cuando el enigma de Zahariche inunda todo el silencio se sienta a escuchar.


“Aprendí todo de mi abuelo y mi tío. Queremos hacer las cosas como antes, con pocos cambios, pero es cada vez más difícil”.
“Una ganadería brava no la puede  llevar mucha gente, salvando las distancias es como una pequeña  dictadura. Ahí puede que radique nuestro éxito”.
“Hemos eshao una temporada normalita. Ni cuando sale un Zahonero como en 2014 tiramos las campanas al vuelo, ni cuando salen malos nos volvemos locos”.  
“No es lo mismo ver que mirar: viendo aprendes, mirando olvidas”.
“Al no tener donde refrescar  cambiamos mucho de semental. Dos años cubriendo y luego fuera. Se oyen muchas cosas por ahí.  El Murciélago en su momento, el toro de Parladé, el goterón Mora Figueroa… al final eso no liga, y se reabsorbe con lo que ya había”. 
“Mi bisabuelo era un gran tratante. Enviaba becerros a Palha, uno, dos, tres becerros, y éste se los devolvía a los dos años, y mi bisabuelo los lidiaba como toros”.
“Ahora sale mucho cárdeno, pero no nos fijamos en el pelo para decir qué echamos o qué no.  El sardo mancha mucho, como se suele decir, son rachas, pero ahora tenemos dos sementales  entrepelados”.
“Lo de Escribano en aquella Feria de Abril nos alegró muchísimo. No hay mayor satisfacción que un toro nuestro ponga en circulación  a un torero”.
“A las novilladas y festejos menores ya no va nadie, sólo ustedes, cuatro depistaos y veinte japoneses”.
“En Abril el toro no es el mismo que en Agosto. Campanito, el toro de 701 kilos que lidió Paco Camino en Bilbao, estaba apartado para la corrida de Sevilla de ese año. Y luego mira”.
“Nuestro toro siempre está pendiente a ver qué va a pasar. Con ellos ojo avizor siempre, porque prefieren morir pegando antes de ceder”.
“No estoy de acuerdo en lo de toreristas y toristas, la misma prensa lo pone. Lo de torista y toreristas empezó hace veinte años. Hace cuarenta el apoderado de  Manolete le pidió  a mi abuelo una novillada para "clarear" el escalafón...  Ahora no hay desafío”.
 “Nunca se ha indultado un Miura, cierto. Esplá en Valencia casi indulta uno, Dadito,  pero no había la psicosis de ahora,  que se da premios por todo.  Los toros hoy se indultan si  han durado mucho en la muleta”.
“Lo difícil no es llegar, lo difícil es permanecer,  y durar”.
“De aquella polémica en Nimes, cuando El Juli, a mí no me ofende lo que diga Simón.  Porque Simón no puede ofenderme: su credibilidad es menor que la mía”.
“Las figuras antes mataban lo que mejor les venía.  Y luego por orgullo personal mataban esto esto y esto,  y se demostraban que podían.  Y al público también. Pero ahora el público demanda otro espectáculo”.
“Tenemos 55-60 toros  cada año, si estuvimos nueve sin venir a Madrid fue porque no tenía,  y cuando tenía no nos los pedían”.
“Nunca nos metemos en quien va a  matar nuestra corrida.  Ni decimos a la empresa pon a fulano”.
“Vendemos  cierto morbo. Tras tantas cogidas mortales y percances somos conscientes de ello”.
“Fermín Murillo llegó un día a tentar en un Mercedes nuevo. Mi padre le dijo “buen coche tiene usté, Fermín”. Y éste contestó: “gracias a sus toros, don Eduardo”.
“Los ganaderos crían toros en función de su demanda. La gente ha cambiado,  se ha hecho urbanita. Y el espectáculo que se ofrece también. Tú ves una película de  Disney  hay gacela y unos animales, y  allí no se comen a nadie…”.
“Diego Puerta o Pepe Luis, de diez muletazos, cuatro iban enganchados. La gente quiere resultados,  nada de imprevisión. Si viene El Cordobés quieren el salto de la rana, si viene Ventura que el caballo muerda al toro... El aficionado es la sal, el público son los garbanzos”.




Y al terminar uno se va a su casa como el sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero, saciado el mono para medio otoño, sabiendo que una leyenda se cincela con los cierto hitos;  ni se retrata en un libro, ni se encapsula en una faena. 


Larga vida a Miura.


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