domingo, 14 de febrero de 2016

Sostiene Pereira Palha






Sostiene Pereira es una película que antes de nada fue libro, de Antonio Tabucchi, donde el autor desmenuza las tribulaciones y sofocos del propio Pereira, reportero en un anodino y neutral periódico en la Lisboa de 1938, enfrascado el protagonista en la creación de una nueva sección de  obituarios anticipados de grandes autores de la época (“sencillamente porque en un periódico hay que escribir los elogios fúnebres de los escritores o una necrológica cada vez que muere un escritor importante, y las necrológicas no se pueden improvisar de un día para otro”).
Remontando contra corriente el curso del río desde el delta del Tajo, cuarenta kilómetros tierra adentro y casi medio siglo después, se topará uno de bruces con Vila Franca de Xira, la patria de otro Pereira inmortal. Seu Fernando de Castro van Zeller Pereira Palha. Esa atávica, incorregible fuerza de la costumbre que nos hace saldar cuentas sólo cuando el otro ya ha partido.
Sostiene Pereira, el nuestro, los cimientos de una tauromaquia en derribo, casi difunta, en la que muchos -más de  los que abiertamente llegan a reconocerlo- se agarran a ella,  como Leonado Di Caprio a los pecios del Titanic, resollando su última esperanza de que esto se salve antes de que se consume el naufragio. Y cuando la figura del cuñado está tan vilipendiada en estos tiempos, medio siglo atrás permitió al de nuestro Pereira, David Ribeiro Telles, recuperar de la purga vazqueña de los gemelos van Zeller la vaca Chinarra, génesis de una utopía a medio cumplir. Y cuando lo moderno entre los ganaderos era, y sigue siendo eso de eliminar todo lo anterior, seu Fernando vindicaba la resurrección de una estirpe devastada, a base de tesón y contumacia. Y cuando en esto de los toros ya no hay banderas que empuñar, ondea furibunda a media asta la de seu Fernando, su torada, remisa a ser enterrada en vida, porque mientras haya, como hoy en día, un océano de ganaderías cuya casta tenga menos de un palmo de profundidad la leyenda de Quinta da Foz rebasará la propia hazaña de su patriarca.

Hay una frase del Pereira de las necrológicas que parece inventada para el Pereira de los toros:

"Yo no he abandonado nunca mi tierra, estoy plantado en ella como una cepa".


Que la tierra le sea leve, seu Fernando.









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Como Barquerito cada vez que nos enseña algo provechoso en sus crónicas, este texto también tiene posdata para los íntimos.
Supe de La Chinarra por vez primera en Céret, cuando una de esas madrugadas infinitas en el camping desentrañábamos (o eso creíamos) lo humano y lo divino de esto de los toros. Y así, entre cubatas de ron Montero Pálido nos bebíamos las noches, borrachos de faenas cumbre y de toros de vacas.  Aquella noche nuestro Fernando, legendario como Pereira Palha, intentó tirar del hilo de la vaca Chinarra, del semental “Guitarrero” comprado a don Fernando de la Concha y Sierra, de la revolución de los claveles y del agua de los floreros… 
Al final sólo fuimos capaces de sacar en claro que nuestro grupo de guassapp pasaría a llamarse desde entonces La Chinarra. Y así, hasta hoy. 



Seu Fernando saludando en Céret

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