martes, 2 de mayo de 2017

Lunes de Dolores


Foto de Ana Escribano (más en su blog pinchando aquí)



A vueltas con las novilladas de Madrid, a pesar de la moción de censura de las redes sociales (¡¡la cátedra desde el sofá!!) la nueva empresa poco a poco va materializando lo que dejó dicho al adjudicarles la plaza: el novillo para quien lo trabaja. Y ni lo de Sánchez Herrero ayer se zampó a nadie -las fotos en los corrales de momento sirven para pasar el tiempo y brujulear hasta que empiece el festejo, pero poco vislumbran lo que llevan dentro los utreros- ni lo de Dolores Aguirre, La Lola, han ilustrado lo que es el novillo de la Plaza donde se viene a leer la tesis, que para la repesca ya hay otras convocatorias.
Digamos que en cuestión de comportamiento los novillos de Dolores Aguirre se han movido en los registros que caracterizan la procedencia del encaste Atanasio-Conde de la Corte: “se comporta con frialdad cuando sale, yendo a más a partir del tercio de varas. Son toros que obedecen muy bien a los toques y embisten con nobleza y suavidad”. No se puede decir lo mismo de la conformación zootécnica, que asevera que  “ya en la plaza el toro de atanasio, pese a no tener mucho morrillo, tiene mucha plaza por su gran esqueleto y ofensivas defensas”.  Hoy no se dio el caso y los novillos, algunos de tres años recién cumplidos, que vinieron de Constantina fueron una escalera de hechuras y capas, sin llegar a transcender en los tendidos ese pavor que en su día sí que plasmaron clásicos de la casa como “Argelón” o “Carafeo II”. Todos embistieron con el borlón en lo alto, rabo enhiesto que también es copyright del encaste.
Nuestra atención durante la tarde y en las cervezas después se la llevó Fernando Flores, nuevo en esta plaza,  que con el tercero de la tarde, “Tosquetito”, siendo éste el de menos plaza de todos (muy muy protestado de salida) exprimió Fernando  su cantada nobleza en dos tandas de muleta planchada y  corriendo la mano, sin perder el primer paso que tanto rechazamos.  Aunque se rajó en la tercera tanda ya con la zocata, desparramando la vista y el esqueleto, ahí la cosa empieza a perder fuelle la cosa, y Fernando Flores que quiere empaparlo más en las telas al final se pasa de faena. Ya luego con los pinchazos, una estocada haciendo guardia y el descabello todo se enfrió, pero ahí queda la carta de recomendación del meritorio. Tosquetito aplaudido en el arrastre y saludos de Flores.
En el sexto, de nombre “Malagueño”, Flores no pudo decir mucho ante el manso  que se orientaba siempre a sus terrenos, siendo  picado en la querencia. Incierto y soltando algún tornillazo en la muleta le caza a Fernando haciéndole saltar por los aires. Con el puntazo de sangre asomando a la altura de la canilla traga mucho Flores, pero Malagueño se cae una, dos veces, casi tres y entre lo inane de sus fuerzas y el metisaca de Fernando aquello se quedó en un borrón sin cuenta nueva.

Javier Marín, que recogió los otros aplausos de la tarde –y no todos del autobús que vino a verle- pechó con dos Guindosos. Con el II después de una sesión de acupuntura en varas el novillo llegó a la muleta enterándose, aun así fue alegre en una primera tanda de buen son, pero  empezó a cortar los viajes y ya no pasaba por la muleta de Javier. Donoso y corajudo el novillero se ponía y componía una y otra vez, pero sin ser un barrabás ahí dejó Guindoso II la patente de la mansedumbre encastada de doña Lola.  Aplaudido también en el arrastre, al bueno de Javier Marín se le pitó al salir a saludar.
Guindoso I  también tuvo esa salida gélida de inicio, corretón y desentendido. Puede que la primera vara que le recetó ese gran pica que es Sangüesa, casi en la paletilla, condicionase el comportamiento  posterior de Guindoso I. Aquí se produjo la jugada polémica de la tarde, ya que en la segunda entrada al caballo se partió la vara de Sangüesa al acariciar el lomo del novillo, y nuestro presidente más carismático, don Jesús María Gómez –impecable el resto de la tarde- consideró que no hacía falta un puyazo más, es decir el segundo; es decir, se fue sin picar reglamentariamente. Mermado en sus facultades aun así llegó al último tercio codicioso y queriendo, pero perdiendo las manos. Alarga faena sin sentido Javier, dejando una estocada tendida y un avance de lo que puede atisbar Javier en próximas venidas.
Dejamos para el final al primero, Miguel Maestro, al que no le pesan los años, sino que le pesa más lo poco que torea. Miguel ya ha cogido en todos estos trienios los vicios de los mayores, permeando en él todas la ventajas que se adquieren con el tiempo, diluyendo toda frescura y novedad en su toreo y, por qué no decirlo, la posibilidad de desplegar una tauromaquia propia y genuina. Su lote fueron los Clavetuerto. Con el II, que también fue isotérmico de salida, movió sus escurridas carnes siempre cerca de chiqueros, con lo que incluso un puyazo, el tercero, fue en la jurisdicción del  picador de reserva, Paco Plazas. Se vino arriba en banderillas donde hizo hilo a todo lo que se movía. Era Clavetuerto II un novillo con postre en la muleta, acudiendo presto a los toques que le reclamaban. Emanó  de nuevo la mansedumbre encastada marca de la casa, y ahí ya no hubo caso. Despenó Maestro al animal recibiendo, pero le salió un sartenazo, arañando únicamente algunos aplausos… para Clavetuerto II en el arrastre.
Con el cuarto, Clavetuerto I, melocotón que nunca llegó a madurar, y tras unas leves protestas de salida, nunca se encaja con él Miguel, con un novillo que cabecea a la mínima y carece de fijeza alguna. Huidizo y poco colaborativo, ahí finalizó el eco que la obra de Miguel Maestro pudiera o pudiese haber dejado entre los allí presentes.


Haciendo un paralelismo este primero de Mayo digamos que en el primer tercio, el de varas y varilargueros, hoy algunos han estado en huelga cumpliéndose servicios mínimos en ese menester, y el resto se ha tomado el día de asuntos propios, más comúnmente conocidos como “moscoso”.



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