viernes, 19 de mayo de 2017

Primeras admoniciones y mención especial a los custodios de la redes sociales






Igual que Steve Jobs tenía su garaje para trastear con el I+D de lo que luego sería el emporio Apple, Juan Pedro Domecq Morenés tiene esto de Parladé como su CSI particular para monitorizar la cosa de la casta y la bravura integral.
Todos esperábamos algún vástago de “Bullicioso” el raceador, como el “Ingrato” indultado en Nîmes por José Tomás o el “Grosella” al que Iván Fandiño le cortó aquí una pelúa. Pero no. Hoy el know-how de Domecq Morenés, de consuno con la criba del reconocimiento matinal han dejado incompleta la corrida,  aunque dicho fielato no ha sido nada comparado con la selección intelectual de las redes sociales, esas redes que como almadraba en Barbate te inmovilizan si no opinas como ellos. Hoy ha quedado claro que hay que deshacerse de los del siete que protestan todo, a los chuflas de los ateneos y a los de la grada joven que piden que no les engañen, o aquellos abueletes que no quieren poner a un güen afisionao presidiendo corridas. Y todo porque es mejor opinar lo mismo todos, que no es otra cosa que aquello que encandila a unos pocos, antes que exigir que se cumpla un reglamento y lo que se ha pagado en la entrada, que son tres tercios y no sólo cincuenta pases de muleta.

Del sustrato de la tarde que conste en acta que Curro Díaz, al que se jaleó a rabiar ya al abrirse de capa con su habitual empaque y buen gusto en su primero, -¡qué hostil es la plaza de Madrid!-  de nombre  Noctámbulo, apretadito de carnes, que pasó desapercibido  en el primer y segundo tercio, el de varas.  Soso e insulso en sus maneras, marmolillo el Noctámbulo, el bueno de Díaz no pudo sacarle no siquiera la gracia de unas trincherillas, ni su garboso cambio de mano. Cuando le recetó un pinchazo hondo Noctámbulo dio por iniciada la temporada de playa echándose a la arena a esperar que acabase el día.
Luego pechó con Chispero, el remiendo de El Montecillo, con sus salpicadas y blandas arrobas más que sueltas, cuya anatomía terminaba en forma de almendra. Picado en contraquerencia, su segunda entrada ya en el caballo de Valle Quinta, el picador de tanda, fue percutido cariñosamente con la firme intención de evitar cualquier daño colateral. Lo recoge en el uno Curro, en terrenos conocidos para Chispero, más de acompañar que de exigir. Pero Curro, tras probar por ambas manos, no puede articular ni un esbozo de su tauromaquia, ya que el poco  fondo de Chispero y sus ganas de volver por donde ha venido inutilizan cualquier trasteo del jienense. No le ha regalado ni una embestida Chispero, ni siquiera para sacarnos algún uy del gaznate. Tras volver a pinchar en hueso el descabello epilogó lo que ha sido, sin ser, la segunda tarde de Curro en feria.

A Fandiño le devolvieron a corrales su primero y corrió turno para lidiar al segundo de su lote, Novelero,  colorado chorreado en verdugo que ya de inicios besó la lona.  Cantó su condición mansa en el caballo donde se defendió más que entregarse. Con la carita siempre por la nubes derrotando al aire ya en la muleta llegaba a los cites y toques del de Orduña,  pero no se iba de ahí... Hubo nobleza, que es otra manera de ocultar la sumisión, y a pesar de la porfía de un lánguido Iván, todo retumbó insustancial por la mencionada falta de materia prima.
Acobardado era el  sobrero de El Montecillo que había dejado Fandiño para hacer quinto,  un mozo que iba enseñando las palas, terciado y escurrido como el otro montecillo. Acobardado sí que hace honor a su nombre, y ya había dejado aviso de su miedo cerval punteando en dos ocasiones las telas de Iván. Cantó la gallina en varas queriendo abalanzarse  sobre el picador Juan Melgar. Y ahí ya comprendimos no ya que fuera cobarde, sino burriciego. Otro aviso a Jarocho ya en banderillas, y luego otro zarpazo, y otro, y el  desarme a Curro Díaz que estaba al quite y para remate –y aquí es donde se dio la primera admonición a nuestro presidente más mediático, don Jesús María Gómez- se ponderó el reglamento por delante del sentido común y se insistió en completar hasta cuatro las banderillas clavadas (¿o son dos pares de dos?) necesarias para cambiar el tercio, con lo que  al volver a intentarlo Víctor Manuel Martínez con los palos le cazó de nuevo Acobardado, empitonándole por los aires, dejando la doble enmienda con el presi: cómo un toro que le falla la visual ha pasado el reconocimiento, y cómo ceñirse tanto al reglamento con un toro geniudo y resabiado. La mecha de la furia ya estaba corriendo por los tendidos, por lo que Fandiño pagó también ciertas iras al ni siquiera machetear al toro, tocarle los costados, destaparle para la muerte, es decir prepararle para una lidia que ahora se abomina, espanto para la visión moderna y estética de nuestro días, y sin ni siquiera intentarlo Fandiño no puede por más que pasaportarlo. En su intento dejó tal mitin con espadas y descabellos que eso pareció Ismael intentado arponear a Moby Dick. Dicen que a la salida hubo un desplante más con los que le abucheaban, pero mejor no contarlo por si incumplimos el código ético impuesto por los censores de Twitter.

De David Mora nos queda la baraka que tiene en los sorteos, que sus lotes son para darles fiesta con poco. Hoy tuvo un primero, Lustroso de nombre que no de morfología, con cara de niño bueno, anovillado y de andar pueril, protestado de salida también... un zapato vaya.  Gustó con el saludo capotero Mora, y ya en el negociado del primer tercio Israel de Pedro amortiguó la puya en las dos idas del Lustroso. Con un vientecillo molesto y dañino principió David Mora con un comprometido pase cambiado por la espalda, haciéndonos soñar que la cosa podía funcionar en ese registro. Seguía levantisco el aire, y tras un buen derechazo improvisa inopinadamente una espaldina, que remata de pecho. Tras los primeros aplausos y oles –que no olés- de la tarde ligó otra buena tanda templando el viento y al inválido,  que sin forzarlo se cae. Va siendo menor el tono según se le "exige". La estocada aunque atravesada penetra hasta los gavilanes, lo que deja una división de opiniones al toro arrastrado (¿?) y a David Mora asomándose al tercio a recoger la amable  ovación.

Con el sexto, Helénico, se explaya también David Mora con el  capote, mas nada bueno pasó hasta banderillas que es cuando asomó Ángel Otero  a parear a este sexto, y si bien no fue igual de riesgoso y expuesto que el pasado día 13, volvió Otero a  emerger los palitroques desde lo más abajo, cuadrando en la misma cara del toro, saliendo de la suerte como quien para un taxi, que con tanto susto y salto al olivo es como un oasis en el desierto de la torería andante.  Ya con la muleta se dobla David Mora con Helénico de inicio, señalándole el camino, y ya cuando se vuelve a estirar se la pone por delante y le saca lo más decente de la tarde. Decente decimos porque aunque tira más de recursos que de pellizco le saca dos series ligadas que no convencen a todos, lo sé porque mi vecina de localidad, que no de abono, al oír a otro abonado que le recriminaba a Mora que se le iba sin torear esta ocasional aficionada ha rezongado un “baja tú, si tienes cojones”, versión actualizada del bajatú morantista, que ahora manda más una que viene de Toledo un día a los toros que el que se va a tragar sesenta festejos en su plaza… Ya con el depósito en  la reserva no se repiten  por la izquierda esos buenos augurios de inicio. David Mora lo sabe, por eso se agradece su justa brevedad al leer entre líneas, y no se da coba con el Helénico. Tras otro estoconazo he ahí que se vino la segunda admonición al presidente JMGM, ya que a pesar de la fuerte petición de oreja fue muy muy protestada por los allí presentes. Se oyeron gritos, mucho gritos, de “fuera del palco”. Se dieron palmas de tango y silbidos por igual. Se cuestionó la literalidad del reglamento, una vez más. Se puso en entredicho la afición del presidente, por primera vez.  Fue todo muy loco. Pero mejor no decir nada, no vayamos a molestar a los correctos; no vayamos a romper la magia de todo lo bueno que tiene aplaudir lo que otros quieren que sea aplaudido.



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