viernes, 9 de junio de 2017

Y Johnny cogió su fusil





Normal que después de la de Alcurrucén de El Juli todos esperásemos que esta fuera la corrida con picante, los Núñez incrustados en mitad de la semana torista, y con tres toreros de menos campanillas que el pasado día 25 de Mayo. Hoy todos estábamos con lo “fríos de salida, pero con ese tranco más en la muleta” y la verdad que la tarde, sin comerse a nadie, ha tenido de todo, con un muestrario de la casta en todas su versiones y con un torero que lo ha hecho mejor que nunca, otro que ha estado como siempre y otro que fue el que nos trajo hasta aquí.

El que hoy ha dado su mejor versión, su cota más alta vista hasta ahora, ha sido Juan del Álamo. Hoy Johnny cogió su fusil desplegando sobre el albero venteño el vademécum de sus funciones y competencias, del que nunca antes habíamos sabido por aquí de ello. El toro que ha sacado lo más hondo de Del Álamo ha sido Licenciado, colorado con sus 551 kilos cinqueños, bajito y con las sienes bien anchas, y por el que nadie dábamos un duro por él, ya que se frenó arteramente varias veces antes de entrar en el capote, sonaba de fondo los cuchillos en la ducha de Psicosis, cuando el mirobrigense, contumaz y firme lo desengaña en el capote, con un alarde de consentir y poder, sacándolo con garbosa torería a los medios. Ya en varas acude a su albur este Licenciado a los predios del picador de reserva, donde tras un marronazo propina una coz al aire. Ya en contraquerencia toma una vara yendo con el freno echado. Entra otra vez doliéndose al sentir el hierro, y aún una tercera entrada testimonial. Ahí Licenciado ya ha cantado su mansedumbre, siendo todavía más incierto y marrajo en banderillas. Remiso a cualquier estímulo, eludiendo cualquier combate, acudió presto Del Álamo a por él, rodilla a tierra, doblándose con firmeza terca, tirando del colorado y consiguiendo encelarle de nuevo en las telas. Ahí Del Álamo ya tiene a la plaza de su lado, y lo sabe según va sacando al mansito a la boca de riego. Y en el platillo vuelve a citar con la muleta por delante Johnny, sacándole una estimable serie con la derecha, nunca en terrenos comprometidos, pero con temple y mando suficiente para que el toro no se raje y vaya embebido en lo que Del Álamo le indica. Al cambio de mano a la izquierda brota otra buena tanda de empaque, sin punteos, en que los argumentos que dispensa el torero son temple y pundonor, alargando unas embestidas que dos minutos antes nadie nos hubiésemos creído que surgirían. Aquí Del Álamo ya sabe que no hay más tela que cortar, y se va a por la espada de verdad. Clarividente estructura de la obra del mirobrigense, en el mismo rollo de Ginés Marín con Barberillo, con los tiempos justos, sin pasarse de faena. Tras una última tanda en la que Del Álamo, se nota, torea para él, culminó su obra con un estoconazo en todo lo alto, de factura perfecta. Tardó en caer Licenciado, tragándose la muerte sacando la casta que un manso sí puede atesorar, lo mismo que tardó Trinidad en sacar el primer pañuelo, con una fuerte petición de la segunda, que hubiese concedido así una puerta grande no menos merecida que por ejemplo la de Ponce. Se mantuvo firme en su convicción Trinidad, dejando el trofeo en una pelúa. Tras pasear la oreja hubo aún una segunda vuelta al ruedo de Del Álamo, reivindicativa, de rabia y ego, como acumulando fuerzas para convencernos con el sexto. Rotundo Juan del Álamo, inapelable en todo lo que estuvo en su mano.

Y éste sexto que comentamos no era otro que Bocineto, 550 kg en la romana, bien armado, el de menos remate de la corrida, y ya entonces las gentes están con Del Álamo desde que se abrió el portón. Argumenta Johnny su prurito con el capote en el cinco. Se nota que está porfiado y con hambre, más este sexto no quiere caballo una vez puesto en suerte. En rayas se espanta y cocea, y se viene Alberto Sandoval al seis a picar. Brega con oficio Vicente Roldan para volver a camelarle, pero lo único que se dejó hacer fue un refilonazo en chiqueros, derribando allí a Juan Francisco Peña. Del Álamo, que no deja pasar una, se lo lleva al cuatro y ahí se deja pegar. Se viene arriba en banderillas este Bocineto, haciéndole hilo a Jarocho, quien incluso ha de endilgarle un par en la suerte del sobaquillo. Brinda al público Del Álamo. Sabe lo que se juega, y apuesta todo al negro. Cita de lejos, y como en su primero le receta una muy buena tanda con la derecha. El toro va, como dice Castavieja este Bocineto tiene postre, y ahí que va Del Àlamo. Se queda corto ya en una tercera serie, derrotando al aire, con la cara alta, desarmando incluso a nuestro hombre. Tira de él Johnny, y lo vuelve a embarcar de largo. Traga y se la pone en el hocico. A la izquierda ya no hay mecha que prenda. Saca petróleo Del Álamo entre tarascadas y algún gañafón. En registros más de emoción que de toreo. Se raja del todo el alcurrucén cuando va a por la espada Johnny. Lo más que consigue es cobrar una estocada tendida soltando el engaño. Y cuando rueda sin puntilla el toro ya flameaban pañuelos suficientes para sacar en hombros a la versión mejorada de Juan del Álamo, el Johnny que está vez sí cogió su fusil.

Manuel Jesús, anteriormente conocido como “El Cid”, para los que llevamos dos telediarios en esto, fue quien con su toreo al natural consiguió hacernos caer enfermizamente en esto de los toros, hipnotizándonos, ensimismándonos cual faquir con la cobra que asciende desde el cesto. Hoy como dejó escrito Machado “se canta lo que se pierde”, y de El Cid ya sólo nos queda el recuerdo de su majestuosidad apabullante y una vaga ilusión de volver atisbar en él algo de lo que nos hechizó entonces. Con su primero, Coplero, de 546 kilos, tocadito de pitones, larguito el toro, con el borlón barriendo el albero, no lo catamos hasta que llegó al caballo, donde empuja en la primera entrada teniendo que salir Juan Bernal más allá de las rayas, saliendo suelto nuestro protagonista, evitando solventemente Pirri que entre Coplero al encuentro en el caballo de reserva, aun así lo mete el Cid debajo del peto de Jesús Ruiz Román, por lo que al acudir de nuevo al picador de tanda el segundo encuentro es de puro trámite. Cuando inicia el trasteo con la muleta Manuel Jesús se le ve que prueba como desconfiado, en las antípodas de ese Cid ingobernable del que hablábamos que una vez nos enamoró, y se le recrimina desde el tendido. Quién iba a decirlo, que a El Cid un día se le echaría Madrid encima… Pide calma con la mano Manuel Jesús, pero no encuentra en ningún momento ni terreno ni distancia donde acoplarse con el animal. No dio un ruido el del Cortijillo que remendó la corrida. Pero tras dos tandas de perfil bajo, con el alma ausente y confianza nula, inexplicablemente se fue El Cid a por la espada de verdad, como si llevase un rato pensando en ir a por ella, abstraído como Bartebly el escribiente El Cid parecía como si prefiriese no hacerlo. Una estocada tendida y contrario más el descabello silenciaron lo que nunca tuvo eco.
El cuarto de la tarde, Antequerano, ofensivo en las perchas como todos sus hermanos, recibió de primeras un puyazo trasero a pesar del cual se durmió el peto, y aunque topó más que empujar casi consigue descabalgar a Jesús Ruiz Román. Le pone de largo El Cid en la segunda entrada, reconociendo el público su gesto, y brindando Antequerano una hermosa arrancada dejándose pegar en el faldón del picador. Y fue este Antequerano el toro que debió poner a El Cid otra vez en nuestros corazones. El de Salteras lo sabe, tiene otra vez la moneda, y con el oficio antiguo que tiene, curtido como está en mil de estas, ahorma la descompuesta embestida del alcurrucén, cogiendo el vuelo necesario para que vibren los tendidos y El Cid se lo vuelva a creer. Cuando se la echó a la izquierda ya no hubo esa conexión, no hubo ni fuerzas del toro ni alma del torero, pero su técnica resabiada llena el vacío de lo emocional, y sin ser nada emocionante como ayer lo de Rehuelga, todo toma el giro previsible de las últimas apariciones de El Cid, cumpliéndose de nuevo el axioma cidista que reza “toro que cuaja, toro al que no le estoquea de primeras”. Con la espada ligeramente trasera se atraviesa la plaza Antequerano para echarse en la misma puerta de toriles. Tras dos descabellos de Pirri, y a pesar de ser la sombra de aquel prestidigitador añejo, recoge la ovación - desde el tercio sin protesta alguna- el Manuel Jesús de ahora pero más que por su labor de hoy por tanto que nos dio El Cid de entonces.

Queda Joselito Adame, el mexicano que más veces ha hecho el paseíllo en Las Ventas contando el de hoy. El primero de Adame, Listillo, 521 kilos colorados, lavadita la cara, acudió ya de primeras al caballo sin que nadie le pusiera en suerte. Va el Listillo a empotrarse contra el kevlar del caballo que monta Manuel José Bernal. Suelto llega al de reserva donde le sueltan un picotazo, y sin más pide el cambio Adame. Saludaron Miguel Martín y Fernando Sánchez. Sin nada que puntuar en la muleta, este Listillo se quedó parado y desparramando la vista, de Listillo solo tenía el nombre. Joselito Adame hoy ha estado más perdido que el bombo de Manolo, y así se lo hicieron saber los asistentes hoy a la plaza, cuando articuló varias tandas con la derecha donde hubo más de recriminar que de celebración, más de palmas de tango que de aplausos. El abuso alevoso del pico y sacar el toro por las afueras no ayudaron al mexicano a ser tomado en serio. Ya con la zocata alguien le cantó la verdad del barquero al gritarle que había aburrido al toro… Dos pinchazos y cuatro descabellos cerraron en falso esta primera faena de Adame. En su segundo, Afectísimo - quizá el más terciadiato, alto sin ser zancudo- vimos que tampoco se empleó en varas, aunque sí consiguió derribar estrepitosamente en la segunda entrada a Óscar Bernal. Aún hubo una tercera y buena vara que sirvió de prólogo a un eficaz tercio de palitroque. Ya en la muleta principió Adame -con muchísima originalidad y dejando un sello propio y genuino- por estatuarios en terrenos del siete, sacándolo pinturero a los medios. Los aplausos se tornan abucheos cuando ya enfrontilado el hidrocálido mostró su versión más descaradamente impostada, sustentado todo su trasteo en la alcayata y el lomo combado ante la inerme acometida de Afectísimo. Cobró una estocada atravesada, y luego un pinchazo, para terminar degollando al toro de puñalada trapera. Pero por entonces ya sólo interesaba que saliese el sexto, para certificar si Salamanca por fin volvía a tener torero.



1 comentario:

  1. Genial crónica. No conocía tu blog, pero desde hoy me he hecho fan :) Saludos!

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