domingo, 3 de diciembre de 2017

Morante


     



En una entrevista concedida al programa Tendido Cero justo antes de uno de sus múltiples regresos a los ruedos Federico Arnás,  con voz entre cómplice y vacilante, le pregunta a José Antonio Morante, con foulard de topos, zapatos de bolera y bombín de profesor Tornasol, si es verdad que su caché se ha disparado. Responde José Antonio, con ese aire presocrático que envuelve todo lo que exuda, y asevera sosegado y ceñudo que ha decidido “apostar por la calidad, y esa calidad revalorizarla” (el vídeo pinchando aquí).


De eso han pasado diez años, y entre ausencias y advenimientos hemos pasado una década viendo cómo el de la Puebla a veces se iba, otras no estaba, y las menos se hacía notar por arrebatos su tauromaquia. Y en este interregno Morante a veces se retiraba, pero los que nunca se han ido son los morantistas. Ávidos de que algún advenedizo osase cuestionar a Morante, el torero, sin reparar que se puede ser morantista sin caer en el ridículo de ser a la vez de Morante, el personaje. Como cuando a Messi o Ronaldo se les acompaña hasta el juzgado y en las mismas puertas se les vitorea cuando van a declarar por sus desfalcos a la Hacienda Pública; alguien debe avisarles que a Morante no siempre hay que perdonarle todo.



Cuando a uno le gusta el toro como el epicentro y el cogollo de toda esta quimera, y entonces te encuentras con que Morante se pierde él mismo el respeto ninguneando el mármol de su propia obra, cuando se entreveran su displicencia caprichosa y su tirón mediático para “no querer ver el toro” o no encontrarse inspirado, es ahí cuando asoma la maldita hemeroteca mental de uno, y tirando del hilo se confirma que Morante lleva su penitencia -la de la impostura de su arte- en lo más hondo de su pecado, porque cuando quiere no es que sepa, es que se pone a torear. 



A muchos no nos interesa cuando se disfraza de lince en Huelva,






Ni cuando le tira unos anteojos al presidente en Alicante,







               




O cuando allí mismo saca su  manguera a pasear,







O cuando en Beneficencia en Madrid tras desechar dos tráilers de toros de Valdefresno a su apoderado le faltó tiempo para plagiar a Paulo Coelho,






El rechazo al duende y el pellizco, a la perífrasis literaria y tribunera que le redime y le perdona, a los moranteliebers que te aplican el artículo 155 por menos que les expongas argumentos, y en definitiva a todo lo accesorio que unge y eleva a JA para tapar su desidia, todo eso se vuelve una mota en la solapa cuando has visto a Morante salir de la enfermería tras haber despachado seis toros sin que allí se enterase nadie, y poner un par de banderillas para los adentros como éste:







o crujir a un victorino de salida en Sevilla sin darse un pijo de importancia:






o encabronarse en Dax no hace mucho porque otro de victorino le puso a cavilar, y los gabachos sí que te chiflan si te quieres ir de rositas, te pongas como te pongas:






incluso me vale aquella tarde de Bilbao, que salió con la espada de verdad a finiquitar a Cacareo, y al final se inventó algo parecido a tocar el cielo con las yemas:







Lo iconoclasta, ir a contracorriente, ese rechazo a ser como los iguales, hace todavía vigente lo que una vez dejó escrito Borges:"cuando uno odia a alguien, uno piensa en el otro continuamente, y, en ese sentido, uno se convierte en su esclavo".

Ojalá. ¿Por qué no? Pero del torero, no del personaje.





1 comentario:

  1. Cuando el sol hunde sus rayos en la arena, el maestro se crece.

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