jueves, 10 de mayo de 2018

Segunda de feria





Acaso, en el siglo XXI de Las Ventas, haya sido El Cid el torero al que más veces se le hayan coronado las faenas con olés, no como ahora que únicamente se grita “bieeeen"; y quizá sea también al último torero al que se le hayan pedido las orejas con pañuelos, no como ahora que con chiflar al presidente ya basta. Puede que del toreo de Manuel Jesús ya sólo nos quede lo mismo que al poeta Vallejo le quedaba de su propia muerte: el aguacero de su recuerdo.


Hoy nos desayunamos con las crónicas del nuevo periodismo taurino, diletante y mesetario como el viejo que ya teníamos, en donde a El Cid, por viejo y por torero de aficionados, se le pasaporta a un asilo. Esa insidia tan nuestra de arrojar a la cuneta todo lo que a uno le molesta hoy la toma con Manuel Jesús con la misma celeridad con la que en sus crónicas no se habla del tercio de varas, si acaso para ningunearlo, y pontifican con el mensaje de vida del indulto y cáliz de salvación del arte.
Hoy El Cid no está, de facto últimamente ya sólo acudía a Madrid borroso y codificado, pero incluso con con ese oficio del que abusa ahora para ocultar la ausencia del alma que en su día ponía a todo lo que ejecutaba, incluso así su sola presencia justifica una entrada sin su rebaja de IVA, cada acción de El Cid verifica aquello que valdría tanto para esos toreros artistas como para estos cronistas de Tuiter: decir que se torea mejor que nunca es como decir que se es buen periodista porque se teclea muy deprisa.
Desconfiado, titilante, sin gustarse ni siquiera él mismo, ayer El Cid quiso ser Dorian Gray mas sólo dejó la evocación de un hombre que nos hizo a muchos entrar en los toros por la escotilla de un toreo casi difunto de honestidad y muleta por delante que, como a él, ya sólo quieren enterrar.

Quizá vaya a tener razón Morante, y el toro de hoy en día sobre todo es una desproporción. Siempre se dijo que Buendía quiso endulzar lo de Santa Coloma para que lo matasen las figuras, pero lo de sacarlo de tipo ya no sabemos ni cuándo ni cómo fue. Salieron mejor las fotos de la empresa que los toros por chiqueros, y sus llamativas capas disimularon en cierto modo lo poco que llevaban dentro. Incluso ausentes de fuerzas para romper por delante fueron toros de no perderles de vista, que se lo digan a Morenito con su segundo, con más genio a media altura que casta por abajo, que es como dicen que cogen los vuelos estos pavos.

Es Morenito quien dejó lo más magro. Cuando se abrió de capote en su primero alguien insinuó que el de Aranda tenía otro aire: otro son. Y llevándose el lote más potable no pudo el Moreno sentirse a gusto, o bien porque Platillero se quedó en la reserva enseguida o bien porque Brioso se enteraba de todo y había que tragar con los tornillazos que soltaba, incluso mandar en esa embestida descompuesta y aviesa.

De Juan Bautista he visto lo que escribe Álvaro Acevedo, y es mejor que le lean a él, al menos no arroja a nadie a la cuneta.

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